Filosofía de este Blog.

Utiliza tu libertad para opinar sin ofender y debatamos sobre conciliación entre el trabajo y la familia. Seamos padres y madres conscientes, desde la aceptación de nuestras limitaciones pero apoyándonos en nuestros recursos. Aceptar la responsabilidad que tenemos como padres y madres no exime de la responsabilidad que la sociedad y los políticos también tienen en la crianza de nuestros hijos e hijas. Trabajemos por conseguir que las políticas de conciliación sean consideradas el paradigma de la defensa de los derechos familiares. Que nuestro legado sea un presente mejor para su desarrollo futuro favoreciendo una mayor solidaridad entre las generaciones. El objetivo de este blog es difundir estas ideas desde la Ecología Política.

domingo, 31 de julio de 2011

El peligro de una sola historia.

Quería despedirme de julio con algo especial y el anticipo de las elecciones al 20 de noviembre me ha recordado algo y alguien. En primer lugar, debemos estar preparad@s para escuchar "una sola historia" que nos diga que las cosas no se pueden hacer de otra forma, que no hay más remedio. No sólo referido a la crisis que padecemos. En políticas de familia y en temas de conciliación "las cosas están como están" y habría poco que hacer. Debemos estar preparad@s para escuchar, en esta pre-campaña que se avecina, que se ha hecho lo mejor que se ha podido, que no hay dinero, que el presupuesto no es elástico...

Sin embargo, no olvidemos que las políticas de familia son principalmente eso, políticas, y por lo tanto una manera de ver y enfocar la realidad desde una forma de entender las cosas y la vida, y por lo tanto cambiables y potencialmente mejorables. Escucharemos "una sola historia", desde un punto de vista, prescindiendo del resto de enfoques y por lo tanto con riesgo de que, desde nuestra posición de vulnerabilidad, nuestra óptica sea influenciable. Y no me refiero sólo a los medios de comunicación (que también) sino a las formaciones políticas y sus líderes, que a partir de ahora harán gala de esa "única historia": nos darán su visión de las cosas como algo único que no pueda cambiar y lo repetirán una y otra vez hasta "hacernos entender" que sólo existe un camino. En un momento de su discurso, Chimamanda Adichie relaciona estos planteamientos de "una sola historia" y el poder, cuando señala que una característica de éste es la capacidad de contar la historia del otro y que además, sea definitiva. No permitamos que cuenten nuestra historia: construyámosla siendo nosotr@s l@s protagonistas. Las políticas de familia y de conciliación se pueden diseñar de muchas formas, hay muchas aristas y la paleta de colores es amplia. Así habría que entenderlo. Escuchemos propuestas y veamos cómo nuestra percepción mental cambia en función de la calidad de nuestro interlocutor, calidad que viene dada, en parte, por un contenido en su discurso que haga percibirnos a nosotr@s mism@s como personas capaces de protagonizar diseños de esas políticas de familia y conciliación: sólo tenemos que pensar qué queremos y llevarlo a cabo: saber, saber hacer, hacerlo.
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Chimamanda Adichie es una escritora nigeriana. "El peligro de una sola historia" nos inquieta por la cantidad de preguntas que genera su discurso, siempre dinámico, ágil y que transita la reflexión, sin que por ello olvide hacer pequeñas inflexiones en su narración en los momentos más emotivos. Estereotipos, el poder, los procesos de identidad, cómo construimos nuestra realidad... A mí me ha sugerido estos planteamientos sobre las políticas de familia y la conciliación; tal vez a vosotros os sugiera otras cosas. Espero que lo saboreéis y hayáis disfrutado este julio que nos abandona.



sábado, 30 de julio de 2011

¿Está preparad@ para ir a la escuela?

"La vida laboral de los padres y madres provoca que la escolarización de los hij@s sea cada vez más prematura, pero es necesario tener en cuenta el desarrollo madurativo de cada niñ@".

Hoy en día es muy frecuente escuchar conversaciones entre adultos sobre la escolarización de l@s hij@s. Muchas de ellas están repletas de consejos que pretenden ayudar a madres y padres confus@s o desorientad@s a decidir cuál es el momento idóneo para escolarizar a sus pequeñ@s: "Tiene que socializarse, cuanto más tardes en llevarlo, peor. Déjal@ en el comedor, verás cómo aprende a comer". Consejos bienintencionados, sin duda, pero que no siempre resultan adecuados para todo el mundo, porque cuando hablamos de escolarización es fundamental conocer, respetar y valorar el desarrollo madurativo e individual de cada niñ@. 

No es fácil decidir cuándo escolarizar a nuestr@s hij@s en esta sociedad actual, caracterizada por el ritmo vertiginoso y poco saludable que llevamos los adultos. Y mucho más difícil todavía, saber cómo y por qué ha llegado ese momento tan importante para ell@s. La dificultad radica esencialmente en nuestro modo de vida. Por eso, la pregunta básica que debemos hacernos es: ¿qué vamos a priorizar?


Desde hace unos años, el concepto "conciliación de la vida familiar y laboral" ya no resulta extraño. Se pretende que la familia pueda realizar un puzle de díficil encaje entre las necesidades de los niñ@s pequeñ@s y el derecho al trabajo (...). 

La edad de la escolarización en la primera infancia ha ido adelantándose cada vez más, en estrecha relación con las exigencias laborales de los padres y madres, que necesitan trabajar. Ante la ausencia de una política laboral adecuada que respete y apoye económicamente el ejercicio de la maternidad y la paternidad coherentes, las familias buscan soluciones para poder trabajar y, al mismo tiempo, no abandonar a sus hij@s. Es entonces cuando surge la "necesidad" de escolarizarl@s. ¿Pero l@s niñ@s lo necesitan en edades tempranas? Miremos este delicado tema desde los ojos del niñ@, es decir, desde el proceso madurativo de cada pequeñ@ en partiular, antes de tomar cualquier decisión prematura.


(...) Madurativamente, no es lo mismo acceder a la escolarización en la franja de cero a tres años que en la etapa de tres a seis. De hecho, todos hemos visto a un niñ@ que se despide de su padre o madre tranquil@ y content@ en su primer día de escuela, mientras otr@ llora desconsoladamente y se aferra al cuello de mamá o papá, pese a que éstos le prometen que se lo pasará muy bien jugando con sus amig@s.


La vivencia emocional de l@s niñ@s pequeñ@s también afecta a los adultos. Su llanto despierta angustia en los padres y estrés en los profesores, que tratan de consolarlos, a veces sin éxito. Son temas importantes sobre los que tenemos que cuestionarnos, evitando caer en el inservible sentimiento de culpa ante las decisiones tomadas. Como padres o maestr@s intentamos ofrecer la mejor respuesta posible, aunque no siempre sea la más adecuada para el niñ@ por múltiples motivos, entre ellos, la presión social o el desconocimiento del tema.


No podemos reflexionar sobre esta cuestión sin hablar del vínculo. La especie humana se caracteriza biológicamente por tener una de las infancias más largas en comparación con el resto de mamíferos. Nacemos muy inmadur@s y esta inmadurez se traduce en una profunda vulnerabilidad física y emocional, que nos marca con la señal de la dependencia. No podemos sobrevivir sin el otro. Los bebés y l@s niñ@s son absolutamente dependientes del adulto para desarrollarse no sólo físicamente, sino emocional e intelectualmente. Gracias a esta dependencia inicial se va creando el vínculo. Y ese vínculo afectivo entre madre/padre-bebé necesita de continuidad para desarrollarse. Necesita seguridad y coherencia en las respuestas de los papás y mamás. Y, sobre todo, necesita presencia y disponibilidad afectiva.


Existe una reacción, llamada "conducta de apego", que se observa ya desde el primer año de vida de los bebés ante la partida de la madre o la figura vinculante: el bebé siente inseguridad y reclama la presencia de mamá a través del llanto o del seguimiento. Si la madre restablece el contacto y el bebé se calma, sabemos que ese vínculo se está constituyendo de forma segura. Existen otros factores, pero este dato nos ofrece una pista fiable.


Esta conducta de apego continúa en el tiempo y se activa ante situaciones diversas que provocan inseguridad, siendo a los tres años, aproximadamente, cuando, tras un largo y costoso recorrido, el niño adquiere poco a poco la seguridad de que cuando mamá o papá se van, regresarán. Es un hecho comprobado que, desde el nacimiento a los tres años, los niños necesitan de lo conocido y lo repetido para sentirse seguros. Evidentemente, más adelante también lo necesitan, pero de otra manera. Cuando no se sienten segur@s, los menores de tres años suelen reaccionar ante la ausencia del vínculo segurizante en tres fases, ampliamente descritas desde la investigación en la Teoría del Apego:


1. Viva protesta. Lloran. Protestan buscando el reestablecimiento de la seguridad con la madre o figura vinculante. Se observa cuando mamá no está o se va y no tienen otro vínculo sustitutivo, por ejemplo papá o la abuela.


2. Desesperación. No aceptan ningún consuelo externo. Lloran desconsoladamente, buscando reestablecer el contacto que han perdido.


3. Resignación. Renuncian al derecho de sentirse seguros con la figura vinculante. Aparece la apatía. No protestan aunque se queden sin la figura de referencia en un lugar desconocido y con una persona desconocida. 

Cuando los menores de tres años lloran ante las sparaciones, con frecuencia se recurre a tópicos ("déjale, ya se acostumbrará", "qué mañoso", "está enmadrado") que pretenden salvar la situación ignorando la respuesta emocional del pequeño. Los padres, que asisten perplejos a la escena, se encuentran ante la disyuntiva de dejar a su hij@ llorando o llevárselo a casa, mientras intentan creer la afirmación "tranquilos, se le pasa en cuanto os vais". Y muchas veces es cierto. Otras, sin embargo, el llanto continúa.

Estas reacciones, aunque fuertes, son saludables porque cumplen una función de protección emocional: sólo intentan evitar el dolor que los niños experiemtnan ante la vivencia de soledad o inseguridad a lo desconocido. Son reclamos para reestablecer la seguridad que ofrece el adulto con el que el bebé o niño ha realizado el vínculo más sólido. Son reacciones sanas y naturales, aunque resulten molestas para el adulto, que desearía que el niño fuera más "independiente". También son respuestas que debemos escuchar para evitar el sufrimiento infantil, reflexionando y buscando alternativas menos estresantes para todos.


Pero hoy en día las cosas se complican un poco más. Vivimos en una sociedad enferma de estrés, consumismo y falta de contacto afectivo. Y los padres, agobiados por compatibilizar el trabajo fuera del hogar con el de la casa, se encuentran con bebés y niños pequeños que emocionalmente siguen necesitando tiempo para crecer y les reclaman atención con su natural y necesaria dependencia infantil. Es entonces cuando surge la prisa paa hacerl@s independientes: prisa para que crezcan, para que aprendan, para que se relacionen. La sociedad estresada y tecnológica, aplica la palabra mágica de conciliar las necesidades laborales con las familiares. ¿Pero a costa de quién?


Ni los padres ni los niños pequeños deberían tener que soportar semejante tensión. Y, desde luego, no se puede exigir a una mujer ser buena trabajadora y madre disponible a la vez. Así lo entienden algunos países europeos que remuneran a uno de los dos progenitores por excedencia maternal o paternal durante al menos el primer año de vida, si así lo solicitan. 


¿Es lo mismo escolarizar que socializarse? La escolarización, representa el paso a la vida escolar. Generalmente, es una decisión que parte desde el adulto. En cambio, la socialización responde a la necesidad del niñ@ de ampliar su círculo familiar y de compartir con iguales espacios comunes a través del juego como aprendizaje vital. Es una necesidad que nace del niñ@ según su propio ritmo madurativo. Es el momento en que entienden el sentido y el placer del juego compartido. Los menores de dos años difícilmente aceptan compartir objetos.


No es lo mismo escolarizar que socializar. Hay pequeños preparados para escolarizarse, porque para ellos ha llegado el momento de la socialización. Otros, necesitan más tiempo para poder dar el salto a la escuela.


Entonces, ¿qué hacemos con los niños? Esta es una pregunta habitual y difícil de responder, pues cada caso es único. Y la respuesta guarda relación, irremediablemente, con las prioridades de cada uno. Con todo el respeto que me merecen los profesionales que se dedican a los niñ@s de 0-3 años, si para los padres es inevitable trabajar durante los dos primeros años de vida del bebé, hay otras opciones, como la atención por una persona de confianza en casa o pedir una reducción de jornada. Si ninguna de estas opciones es posible, la escolarización debería darse sólo si se cumplen unos criterios mínimos que garanticen la seguridad emocional del niño. Por otra parte, los padres que temen que sus hijos "pierdan" aprendizajes esenciales en los tres primeraos años, es importante que sepan que los niñ@s aprenden jugando acompañad@s y segur@s.


Si optamos por la escolarización temprana, tengamos presente unos requisitos básicos para asegurar el bienestar emocional del niñ@. Padres y profesorado de educación infantil han de ir de la mano para lograrlo. La integración se produce cuando el niñ@ siente que escolarizarse responde a su propio logro. Se manifiesta a través del disfrute y la actitud exploradora y curiosa en el aula. Es decir, se trata no tanto de que se adapte o resigne sino de que se integre en su grupo de iguales y realice un vínculo seguro con su profesor. Para ello es necesario que en todos los centros existan unos períodos de adaptación hasta la completa integración de cada pequeñ@ en particular. Es un período fundamental en edades tempranas, que evita la innecesaria exclusión de la figura vinculante en el momento de la escolarización. Para llevarlo a cabo adecuadamente, se requiere una buena organización famliar y también escolar. Además, todo el proceso debería de vivirse desde el punto de vista del niño pequeño (...). 


Pasar de permanecer mucho tiempo con la familia a pasarlo en la escuela debería representar un tránsito sin rupturas para el niñ@. Esto significa preservar el vínculo con la familia, mientras se favorece el vínculo con la profesora. Por tanto, la presencia de la familia de forma cooperadora y activa en el centro es muy importante.
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Yolanda González Vara escribió este artículo en la revista Tu Bebé, nº 202. Es psicóloga clínica y formadora en promoción de la salud y prevención infantil. Si os interesa os dejo este vídeo en donde habla de diferentes temas sobre la evolución infantil.







miércoles, 27 de julio de 2011

Rezando en cristiano.

En España, 38.448 mujeres se cogieron excedencia en 2010 para cuidar de algún familiar. 2.500 hombres también. 33.239 españolas lo hicieron para atender a sus retoños. El número de varones que lo hizo por eso mismo no he conseguido encontrarlo. La tensión acumulada en la ardua búsqueda del dato me ha dado ganas de rezar en arameo y, como no conozco ese idioma, me ha salido en castellano este rosario de posibles motivos que llevan a las de nuestro género a colgar las botas por un tiempo, a pesar de cómo está el mercado: 

     Para no morir en el intento en jornadas imposibles de día y noche y fiestas de guardar o sin guarda. Ora pro nobis.
     Para no gastarse el sueldo en que hagan peor lo que una haría si el día tuviera 52 horas. OPN.
     Para que sus hijos lo sean y no esos amigos invisibles a los que besa dormidos por la mañana y lo mismo por la noche. OPN.
     Para no llorar a escondidas en los baños de la oficina porque les duele el pecho y el alma porque tienen leche para alguien que no está. OPN.
     Para no sentirse mal por no cuidar a sus hijos como merecen, malas empleadas por no trabajar tanto como se las demanda, malas esposas por no hacer lo que se supone que se hace entre todos pero que, si no está hecho, es a ellas a quienes se dirigen todas las miradas. OPN.
     Para no caer en la esquizofrenia de las superwomans que ni womans ni súper ni nada. 
OPN.

     Y porque, además de la presión social, está la económica: somos las que ganamos menos y tenemos los contratos más precarios. OPN.


Amén, no, por Dios. Gracias.



Marta Nebot escribió este artículo en el periódico Público el 25 de julio de 2011. Es una periodista con formación en interpretación que protagonizó junto a José María Aznar aquel "incidente" del bolígrafo en su escote. Al ex-presidente del Gobierno no se le ocurrió otra cosa que meter un boli en el escote de la periodista ante una pregunta incómoda formulada por Marta. Como señala el presentador de las noticias, "estos son los políticos que tenemos". Os dejo el vídeo para hacer memoria.



martes, 19 de julio de 2011

Padres y madres ejerciendo de padres y madres.

No es habitual encontrarme con educadores que tengan cierta agudeza de análisis psicológico (lo siento, es mi experiencia). Alguien me dirá, con razón, que no son psicólogos. Sin embargo, cierta profundidad en el conocimiento de la psicología evolutiva, del apego e incluso de las neurociencias tendría que ser obligada en la formación de estos profesionales. No es el caso de Lucía, una profesora interesada por todos estos temas y por la formación contínua como actitud ante su trabajo y ante la vida. 

Esta profesora me comentaba la semana pasada la principal falla que encuentra en los padres y madres: "mira, todo es más complicado cuando los padres no hacen de padres". Y esta frase, que se me quedó grabada en la memoria, me ha recordado un vídeo de Emilio Calatayud, un juez de menores granadino que ha ido adquiriendo renombre por sus deliberaciones judiciales, y que en algún momento del mismo también llega a afirmar algo parecido. Porque aquí lo fundamental es: ¿qué significa ejercer de padres? Supongo que muchas cosas. Yo sólo me voy a detener en algunos aspectos. 

Partamos de una situación previa: tenemos el hijo perfecto. ¿Y cómo lo sabemos? Porque es el hijo deseado. Esto a su vez está relacionado con ser padres conscientes, es decir, hemos decidido tener un hijo después de madurar la idea, después de valorar pros y contras de manera realista. A partir de aquí nos seguimos interrogando: ¿velamos por ellos? Es una pregunta tan comprometida que raros serán los padres y madres que lo nieguen. Sin embargo muchos de estos padres y madres no tienen a sus hijos en su compañía, tal vez no el tiempo que les gustaría, y esta responsabilidad, no es sólo de estos progenitores: políticos y sociedad (es decir, todos nosotros) estamos implicados. Emilio Calatayud lo señala: "en materia de menores estamos todos implicados". Y seamos sinceros, si no nos satisface la simple crítica a nuestros políticos, tendríamos que asumir nuestra responsabilidad reconociendo que no hay compromiso social suficiente para cambiar las cosas, tal vez porque no hay conciencia de cómo están estas cosas. 

Cualquier día que paso junto a uno de los parques de mi ciudad, veo cómo uno de los columpios para la chavalería es mal utilizado por los niños y niñas. Masificado, utilizado al mismo tiempo por una cantidad exagerada de niños, casi agolpados unos sobre otros, es usado ante la mirada de adultos, supongo que padres y madres de algunos de ellos, incapaces de poner límites a estas escenas, incapaces de organizar una actividad, de cuidar y salvaguardar a nuestros niños y niñas, incapaces de decir "no", como señala Emilio Calatayud, un "no" protector, que no autoritario. 

Siguiendo el mismo hilo, ¿sabemos qué se hace en los centros infantiles donde dejamos a nuestros niños y niñas de un año, dos, tres... ¿Cómo trabajan, qué funciones realizan, qué ratio educador/niño tienen? ¿Nos han permitido presenciar alguna vez durante cierto tiempo la forma en la que trabajan? ¿Qué influencia emocional tiene sobre nuestros hijos?
Entiendo que esa responsabilidad es nuestra como padres, todo con un objetivo: conocer aquello que influye sobre nuestros hijos e hijas para protegerles en caso de que sea necesario, es decir, ejercer de padres y madres. 
Y ahora disfrutad de estos 20 minutos de este apasionado juez, que seguro, nos hará pensar.